martes, 27 de diciembre de 2011

domingo, 23 de octubre de 2011

Visita del 22 de octubre

 ¡Gracias voluntarios!

Gracias por tanto amor,

gracias por tu tiempo,

gracias por tus palabras,

gracias por escuchar,

gracias por acompañar...














miércoles, 13 de julio de 2011

sábado, 21 de mayo de 2011

Visita del 21

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
 












Cuando me vea pobre, 
pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
 












Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;
 










 


Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;



Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.


Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;


Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.
Por amor, Ana María Janer dedica tota su vida a atender a las personas marginadas de su tiempo:
los pobres enfermos e incurables, los apestados, los heridos de guerra, los niños huérfanos, los ancianos solos.
El amor a Dios y al prójimo es el que mueve a esta mujer a actuar, a salir de sí misma para atender la necesidad concreta del otro.


Y este don que recibe Ana María Janer es el que nos deja como herencia a las hermanas y los laicos
que continúan hoy haciendo presente el amor de Dios en el servicio cotidiano y sencillo de amar a los niños, los jóvenes, los enfermos y los ancianos con unas notas distintivas.
El nuestro es un amor sin fronteras, un amor que nos hace ponernos en la piel del otro,












un amor que nos hacer ser “madres” de nuestros hermanos desde la paciencia, la fidelidad y la misericordia que no se cansa nunca de darse.